MI GRAN NADA.

Granada me enseñó que (también yo) podía ser feliz
contra todo pronóstico
contra toda autoridad.

Granada me enseñó a follar como lesbiana
y a redescrubrirme como trans.

Me reconcilió con la política
cuando ésta y yo andábamos en números rojos, en horas bajas

Y me la metió en los huesos
para no sacarla
y a la política la hice mía
y yo, claro, irremediable, me hice suyx también

Y por sus calles
odié la triste calma
y amé la rabia
y abracé la lucha
y me acosté con mis amigas
bajo las lunas del Albaycín

Yo no sé si fue Lorca, fue el alcohol o fue el feminismo
quienes me despertaron intensx y valiente
rápidx y ligero

me recuerdo vivx

también me recuerdo muertx

despidiendo
con una madre en el hospital moribunda y un corazón haciéndole juego
y los hilos que me sujetan cogidos con pinzas
de tender la ropa rota.

Hoy, en plena crisis de mi poeta
te vuelvo repentino, me vuelves repentina
diría que para parar y mirar
(con el privilegio de quien puede permitirse parar y mirar)
Con el lujo de quien puede ganarle a su amnesia la neurótica batalla

Hoy lúcido sudo, derrocho memoria.

Introspectiva retrospectiva
desde la calle Elvira
de nudos, brechas, cabos sueltos, noches desfasadas

Granada, me confieso: te echo de menos y para siempre te quiero
hagamos un trato, yo te perdono si tú me perdonas

Y si me dejas volver, yo vuelvo.

Ay, bendita sea tu eterna adolescencia.
Zorra cabrona.



https://youtu.be/ybm205q7Pd4

Domingo.





"Para continuar caminando al sol por estos desiertos,
para recalcar que estoy vivx en medio de tantxs muertxs.

Para aligerar este duro peso de nuestros días
esta soledad que llevamos todxs, islas perdidas.

Para descartar esta sensación de perderlo todo,
para analizar por dónde seguir, y elegir el modo".

Es increíble.



Cuando tenía 16 años me dejó mi primer novio, de 14, porque sus padres creían que yo era muy mala influencia para él. Le llevaron a confesarse a un cura, y le prohibieron volver a verme. Un día nos escapamos a dormir a la playa de una isla. No funcionó. Nos encontraron. Y cada vez dolía todo más. Tienes 16 años, aún no hay herramientas para digerir el mundo que se te viene.

Lloré mucho, mucho. Dejé de comer y de dormir.
Me recuerdo tan perdida, tan adolescente...

Hemos vuelto a vernos muchas veces y muchas vidas después de aquello. Nunca le he podido perdonar del todo, ya ves.

Hoy me reencuentro con el escrito que dejé en un ordenador por aquel entonces.






"ES INCREÍBLE


Es increíble. No se lo digas a nadie. Pero son las 7 y 27... y sigo viva.
¿Por qué?
No tengo ni idea, no entiendo nada. Sólo sé que debería estar muerta, y no lo estoy.
¿Por qué deberías estar muerta?
Bueno, vale, es verdad que al final no llamé al programa ese de la pitonisa, pero es que pensé que sería muy deprimente para el resto de los oyentes oír cómo le decían a una chica de 16 años que moriría aquella tarde de miércoles.
Pero eso no importa, porque de todas formas yo estaba segura de que iba a morir.
¿Por qué?
Porque mi cuerpo lo sabe: mi pelo, mis caderas, mis manos, mi nuca, mi vientre, mi lengua, mis piernas... TODOS lo saben. Y yo lo sé.
¿Por qué?
Porque él ya no está.
¿Por qué?
Porque nunca estuvo.
¿Nunca?
En realidad siempre está. Él no lo sabe, o quizás sí... pero siempre está.
¿Siempre?
¡Siempre! Sé que la gente siempre se marcha, lo sé... nadie permanece a tu lado. Nadie. Todos se van, sí, a nadie hay que acostumbrarse, a nadie hay que amar, porque se irá y tú morirás, y le dará igual... Pero él es distinto. Él me duele mucho...
¿Por qué?
Porque a él yo lo necesito.
...¿Por qué?
Porque desde que lo conozco el corazón me late más fuerte.
¿Y eso es bueno?
Quizás es que estoy enamorada jajajijujeja o quizás es que es una enfermedad (quizás él es una enfermedad) y en cualquier momento me va a dar un infarto.
¿Por qué?
No, no, miento. No me va a dar ningún infarto.
Joder, ¿y por qué?
Porque si me fuera a dar un infarto ya me habría dado. Y sigo viva. Jamás moriré si no me he muerto ya.
¿Jamás?
Sí, soy inmortal. Pero no por mucho tiempo. Sólo hasta que le vuelva a ver."

Canción triste.


...Para poder llorar y dejarse estar con el asco y la tristeza.



Uno, que no te vea ninguno.
Dos, agarra el tenedor.
Tres, repite otra vez.
Cuatro, sírvete otro plato.
Cinco, la ansiedad aún no se ha ido.
Seis, ¿no puedes dejar de comer?
Siete, si alguien te pregunta, miente.
Ocho, cada día estás más gordo.
Nueve, pero mientras comes no sientes.
Diez, vomita y volver a empezar otra vez…