"Me voy: / Me voy a las lejanas lagunas donde plantas hay algunas./ Me voy a los lejanos países donde pises, donde pises, donde pises encontrarás tus raíces./ Me voy lejos de aquí. Cuando una masa te diga lo que pasa volveré ha venir."


Yo. 8 años.


Emocionales y emocionades.



Andamos por la película del decorado que nos montamos. A bocajarro. Y es que la vida no se salva, o la atraviesas o se te lleva. Juntas caminamos. Con la subjetividad rota. Con el afecto roto. Frágiles y perversas. Y lo dicen transfeminismo, y lo dicen por ejemplo. Quisimos conocer cómo es ser felices, rompimos algunas reglas, y desde aquí, desde las pocas cosas que escogimos, nos movemos a ciegas, chocando. Improvisando las salidas al desastre, tratando de crear una manada traidora: porque en el fondo está el secreto, todas sabemos que nadie mira creyendo en los ojos de la otra, y porque cada unx de nosotrxs, llegó aquí siendo la traidora de sí mismx. Eso sucedió hace ya tanto tiempo. Silencio. Nuestras resistencias en los consensos de amor y de respeto resultan frágiles. Somos el perfecto producto de la violencia de la que decimos defendernos. Siervas ciegas y voraces, esperando. Necesitamos hacer daño para descansar la culpa. Pisar cabezas para tapar la herida. El vacío que sentimos sí tiene un fondo, el problema es que está infectado. Podrido. Huele a mierda. El problema es que no es tan sencillo como mirar, como contemplarlo. A nadie le gusta coger los guantes y limpiar toda esa mierda, se vomita mucho, te pringas toda la ropa, hay que llorarlo y gritar, y se tarda demasiado tiempo. Cada unx encuentra su argumento, y casi todos parecen que dicen algo. No hablamos de nada. Somos genuinas mentirosas. Yo creía antes que sí. Ahora no. Ya no escribo; suelo ver mi lenguaje como un conjunto de palabras aleatorias, que quieren parecer conectadas para poder explicar algo, poner afuera el sentido de un adentro retorcido. Esto que describo por si quedan dudas no trata un cuadro depresivo. Desde la fuerza, risa, me muevo, siento cariño, me interesa la vida. Esto trata de que no sé cómo parar este juego repetido. Me sucede desesperanza. Tengo miedo. Las marcas del dolor ahogan la perspectiva. Me reconozco en esto. Casi siempre me estoy defendiendo de alguien o algo. Preveo el daño. Si me dejo, me matas. Si me muestro, escupirás en mi reflejo. No me toques. No me digas. No me mientas. No me creas. No te creo. Quieres verme temblar, hoy no será el día, ayer me escondía, hoy saco dientes y enfrento. Y es que también a veces sueño con mostrarte quién eres. Que te veas tal cual eres. Y que vomites. Y que llores. Que te manches de mierda, de la tuya propia, y que entonces no te quede otra, que coger por el mango la fregona, que poner guantes y limpiar. Es ése el gesto. Poner guantes. Agarrar el palo. Y a rascar.


Escrito en día de Reyes.


Hoy desperté en día de Reyes con agujero negro de esos de quiero llorar y no sale. y eché de menos los regalos de colores en mi puerta. y eché de menos mi mamá y mi papá y mi hermano riendo. y eché de menos la inocencia. y eché de menos esa niña. y también eché de menos cuando era fácil. eché de menos mis medias de rejilla. y las minifaldas. depilarse. eché de menos esa chica que era. y pensé en que hay duelos que son con unx mismx, con la propia vida. y lloré y pensé en un altar y un ritual de muerte. quizàs por la culpa. me sentí un poco asesino. y pensé que nuestras muertas, que las mías, también son estas. que no quiero sentir vergüenza por ellas. que las echo de menos muy dentro. que las quiero. y eso. maldita disforia. maldita navidad.


Escribo para colocar, para buscarle el sitio y el sentido al tiempo
a lo que se sucede en el tiempo.

Ordeno y doy formas
a que el poder es esa lucha espejo
a la que jugamos todas
que destruye lo inocente, la risa, que intoxica lo que valía la pena de sabernos juntas


a que te quise y que ahora
te quiero lejos
para que apenas ni me rocen tus delirios de grandeza

ordeno y doy cabida
a la inestabilidad, a lo inordenable
a la amplificación de un dolor que no es ahora
a frenar el drama
de vivir entre las ruinas de esta herencia de nuestros padres
y de las madres de las madres

escribo porque para mí no hay otra forma
que la metáfora para describir un algo que quizás no es tuyo
ni mío, ni nuestro
pero que nos habita y es con nuestros cuerpos que atestiguamos que hay sangre
que aún queda sangre
viva

para levantar la vista
o para ser derramada
para escuchar tu misterio, tu silencio
para luchar por las causas perdidas
no sé ni cuándo empezó
y es hoy sonriendo
ante y haciendo frente
al proverbio eterno.

No tengo prisa.
Hoy, he vuelto.

Querido diario,

llevo días que
por las mañanas me levanto tan así, tan en calma
que me asusto.









Oye.

No te rías, es éste un asunto importante,
tú ya sabes de mi tremenda fobia

a envejecer jipi.