París no es punk.

El agujero interno me llevó hasta París, bajo el influjo del alcohol, recorriendo los kilómetros supurando a mi paso aquel infinito e insoportable dolor tan confuso. Una mañana cualquiera me levanté, fui a rastras hasta el baño, alcé la mirada, y de pronto volví a encontrar algo, algo reconocible sobre la superficie de aquel espejo. La visión de aquellx resultó tan fuerte después de tanto tiempo que profiriendo un grito casi me desplomo contra el suelo.

Al principio por impresión todo era un espectro borroso, finalmente la imagen alcanzó su nitidez.


- Hola, mi corazón, mi vida. 
- Bienvenida.
- He vuelto.
- Nunca más me abandones.
- Te he echado tanto de menos.


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Dime


más allá de esa nada que llenas con palabras




desde dónde vives el silencio

y te diré quién eres.

Sintítulo nicoherencia.


"la poesía y el porno se parecen, 
pero la poesía es más pornográfica"





Mis ojos piden permiso
me deslizo
mis pies se acercan
se posan
reposan en tu espacio vital.
Se congela la escena.
Mis manos frías
entorpecidas
incapaces de atrapar
cuanto acarician adentro sólo
sólo acarician

cuando cierran ya es tarde adentro 
no queda nada
no queda nada ya.

Noches sin estrellas.
Versándote a ciegas.
Estrenando los mimos.
Entrenando los ritmos

las distancias.
Paciencia.

Acrobática gimnasia
entre mi leve autismo y tu ligera arrogancia.

Dónde estás, porque no te veo
no te siento ni siquiera 
nisiquiera entre estos versos
versos que son todo tuyos, para ti, ahora.
Así que ahora siéntate y siente esto.

Atrapa mi metáfora
mujer de humo, espejismo incierto
¿nos conocemos?
Quién lo diría.
Pero mis pupilas no olvidan.
Recuerdan
que estos temblores ahora tan míos 
estos son ahora nuestros.

El viente vibra, en ritmo anárquico
desbinarizando su compás
resuenan fuerzas, potentes flechas
bom-bóm bom-bón-bom 
bombombom-bón bombom

bombeo

orgiástico, pero
cede y cesa
simulacro orgiástico
y luego
punto cero
su ritmo es sordo
congelado
y cuando va a despegar

ya es tarde
ya es tarde no queda nada afuera
no queda nada ya.

Flujos que brotan
flotan
azotan de muerte y de vida
sudores, saliva
sólido líquido gaseoso
y líquido
y sólido
y gaseoso
...y gaseoso
gaseoso...

descompuesto
deviene lúbrico
y se torna gas

y allá
es donde yo floto y vuelo
entre el abismo y lo real
me descuelgo y juego
a recorrer tu pelo juego
a rompernos y a inventar.
Lo siento cerca
pero cuando lo quiero tocar

ya es tarde no queda nada en mi cuerpo
no queda nada ya.

Más allá de lo permitido
siempre acecha el miedo.
Yo traspasé esa línea, cariño
ya lo he asumido.
Funciono sin Norma funciono sin peros.

¿Y tú? Quizás
algún día -quizás esta noche-
quizás esta noche
lo asumirás.
No quiero coherencias
no quiero esquemas no quiero
emular más existencias que la mía
y la tuya
y la nuestra.

Prou. Basta. Ya.
Mírame a los ojos, respira, regresa.
Palpa mi pálpito encendido
quiero crear, conjurar conjuntas el delirio
antes de cualquier fatídico final

antes de que no quede nada cierto
de que no quede nada ya.

Lee esto
o pídemelo bajito y yo te lo leo
atrapa mi metáfora
(esta primavera, este inoportuno enredo)
sólo sonrisa sólo
sin prisas dime
sólo dime déjate llevar.

Quiero follar aunque reviente.
O precisamente.
Quiero follar para reventar.

Eros, Thánatos, 2014.


Que tanta conciencia adquirida acerca de
la fragilidad de la vida no me encierre más
que me empuje y que abra alas
me dé palabras
para expresar y sacar de tanto guardián de guarida
los duelos los logros la pared y la espada la jaula
la sonrisa
que perdone y consienta estas entrañas
estas entrañas extrañas, tan mías
tan ardientes como dispersas
tan inestables inconstantes inquietas
que dibuje y desdibuje cicatrices
al aire, improvisadas, asumibles
que en mi vientre se teja mi centro,
no para que se quede inmóvil y quieto
No
yo quiero un centro cierto,
caótico como una maraña
que no tenga más miedo, no, que no lo tenga
que la muerte no se me anticipe
que a pesar de pesadillas me incorpore
en cada caída, y cada mañana
que mi cuerpo despierte y resista
que toda esta muerte que me sustenta
me aferre a la vida
que toda esta muerte me sirva

que me sirva para vivirla
que me sirva para quererla.

Cis.

Buenos días, clase. La columna de hoy será una lección de vocabulario. Hablaré de mi prefijo favorito, el mejor del mundo. En resumen, se trata de la breve, dulce y sexy pequeña combinación de tan sólo tres letras: “Cis.” Viene del latín y si no sabes qué rayos significa no importa, hay una buena probabilidad de que se aplique a tí.

Ahora presta mucha atención, porque después habrá un examen.

“Cis” significa “en el mismo lado,” y es un antónimo de “trans,” que significa “a través.” ¿Puedes ver a dónde voy con esto? Si de alguien que ha atravesado una línea invisible y socialmente construida alrededor del sexo o el género se dice que es transexual o transgénero según el caso, alguien que NO ha atravesado nada y siempre ha permanecido en el “lado” del espectro que le fue asignado, podría ser descrito como cisexual o cisgénero.

En otras palabras, “cis” significa “no trans.” Eso es todo.

Muchas personas rechazan las etiquetas, especialmente las etiquetas que ellas no han elegido para sí mismas. Esto es apenas natural. Muchas veces cuando defino cis” enfrente de las personas cis, éstas se resisten, reaccionan con sospecha o incluso se sienten insultadas, quieren saber si “cis” es una especie de insulto.

De hecho, “cis” no es un insulto. Tiene más parentesco con “heterosexual” que con cualquier otra cosa y es un término todavía más neutral que “hetero,” que en inglés se suele utilizar como “straight” es decir “recto,” implicando que las personas homosexuales son de alguna manera “torcidas.”

Aunque no es un insulto, es probable escuchar a algunas personas trans utilizando la palabra “cis” con cierta irritación, por ejemplo, “Vino este tipo cis y quería que le respondiera veinte preguntas estúpidas sobre mi género,” o “Todas esas personas cis se me quedaban viendo cuando subí al bus.” Pero una vez más, se trata de palabras como “hetero,” “blanco” y “masculino,” que se utilizan a menudo de esa manera, como cuando alguien dice, “allí estaba esa chica hetero que no dejaba de preguntarme cómo fue que según ella ‘me convertí’ en lesbiana,” o “Ese chico blanco que tuvo el descaro de decirme que vivimos en una sociedad post-racial,” o “Mi jefe se siente con más derechos que yo sólo porque tiene el privilegio masculino.” En casos como ésos, las palabras “cis,” “blanco,” “hetero” y “masculino” puede sonar peyorativas, pero tal y como la mayoría de las personas probablemente estarían de acuerdo, estas palabras en sí mismas, ciertamente no son ofensivas.

Lo que estos términos tienen en común es que describen a las clases privilegiadas. Alguien que es cis, blanco, heterosexual o masculino, o que presenta cualquier combinación que incluya a cualquiera de esas categorías, goza de ciertos privilegios que las personas trans, no-blancas, homosexuales, o no-hombres no poseen. Entre estos privilegios está el de que se pueden permitir vivir tranquilas manteniendo un un cierto nivel de ignorancia respecto a la realidad de los grupos oprimidos. Los blancos no tienen que vivir con el racismo. Los hombres no tienen que lidiar con el sexismo. Y así sucesivamente.

De manera que cuando una persona trans, dice que “hay gente cis que realmente no entiende,” la palabra cis realmente está funcionando como una explicación del por qué de esa ignorancia. Esto la coloca más cerca de una excusa o una explicación que de un insulto.

Una vez que he conseguido explicar que cis no es un término despectivo -y por desgracia para entonces muchas personas ya se han retirado de la conversación - por lo general mis interlocutores quieren saber para qué se necesita la palabra cis después de todo. Tal vez “cis” no es algo malo, pero, ¿por qué exactamente tendría que ser algo bueno?

Mírenlo de esta manera: si hay gente cis y hay gente trans, entonces podemos hablar de personas que son trans, y de personas que no lo son, sin hacer juicios acerca de cualquiera de los dos grupos.

Pero sin la palabra “cis”, entonces nos quedamos sólo con las personas trans ¿y los demás qué son …? ¿”Simplemente personas”? ¿Personas “normales”? ¿Hombres y mujeres “biológicos”? ¿”Mujeres nacidas mujeres” y “hombres nacidos hombres?” Peor aún, mujeres y hombres “verdaderos”? En pocas palabras, simplemente no hay manera de hablar sobre las diferencias entre las personas trans y las personas cis, sin utilizar para ello el término “cis,” de otra manera estaríamos utilizando un lenguaje cargado de valores que dejan claro la superioridad de las personas no-trans respecto a las personas trans, estaríamos dándole nuestra aprobación a la supremacía cis.

Un momento, ¡ése es otro término para añadir a nuestro vocabulario! La supremacía cis se refiere a la creencia extendida de que las personas cis son naturales, normales, y, de hecho, superiores a las personas trans. La utilización de términos como “mujer natural,” prescindiendo por completo de las alusiones irónicas a canciones populares y cursis que hablan de tales mujeres, refuerza la idea de que es normal, correcto y bueno ser cis sólo porque sí, y que las personas trans son, bueno, aberraciones.

Y por supuesto que ésto no es así. Las personas trans podemos ser una minoría, pero nuestra presencia ha sido documentada a lo largo de la historia humana. Contrario a la creencia generalizada de que las personas trans “eligen” sus géneros, los hombres y las mujeres trans “nacen” hombres y mujeres, tanto como las personas cis lo hacen, y con frecuencia saben cuáles es su verdadero género desde la infancia temprana. Tampoco es exacto decir que no somos “biológicas,” porque ciertamente no somos la mujer o el hombre biónico, y en cualquier caso, estudios recientes sugieren que la transexualidad puede tener una base biológica.

Un hombre como yo no es un hombre “con cuerpo femenino,” y ciertamente no es “un hombre en un cuerpo de mujer;” éste es mi cuerpo, y yo soy un hombre, por lo tanto, este cuerpo es el cuerpo de un hombre y es evidente que no pertenece a ninguna “mujer.” Las personas trans pueden ser “normales” o “extrañas” tan fácilmente como pueden serlo las personas cis; podemos sacar la basura, pagar las cuentas, enviar tarjetas de Navidad, formar una familia, o romper látigos y cadenas y trabajar en la pornografía, nos puede gustar la salsa de chocolate y la política subversiva simplemente igual que a las personas cis.

Vamos a tomarnos un minuto y hablar en concreto acerca del privilegio cis, porque si eres cis, hay una buena probabilidad de que nunca te hayas detenido a pensar en ello antes de ahora. La lista de cosas con las que la gente cis NO tiene que lidiar incluye que al ser una persona trans eres mal-generizada (se refieren a tí y te tratan en un género al cual no perteneces,) si vas a prisión te envían a la prisión correspondiente al género equivocado; si tienes que hacer algún trámite legal o necesitas un servicio médico se burlan y abusan de tí por tu identidad de género; tu cuerpo es tratado como una curiosidad, un fetiche, o un objeto repulsivo. Las personas trans a menudo tienen dificultades para conseguir empleo y con frecuencia son objeto de crímenes de odio que van desde el acoso verbal al asalto, la violación y el asesinato. Muchas personas trans no tienen hogar y muchas se ven obligadas a recurrir a la pornografía y otros tipos de trabajo sexual, en el que se nos convierte en fetiches por nuestros cuerpos fuera de la norma (ver: “chicas con pollas” y “pornografía transexual.”) Estoy enumerando solo algunas de las agresiones más graves en contra de mi comunidad aquí donde vivo.

Súmale a todo esto el constante estrés que representan la expectativas de los demás que te obligan a tener que explicar defender, y abogar por tu propia identidad de género a cada momento, el dolor de vivir todo el tiempo siendo juzgada de acuerdo a los estándares cisexuales de lo que significa ser atractivo y el asalto que constituye la cobertura sensacionalista de los medios, y lo que tienes es un entorno verdaderamente miserable, no del todo propicio para la autoestima o la dignidad. Todos los días en todos los sentidos, estamos rodeados por los mensajes que nos dicen que sufrimos de alucinaciones, que somos personas mentirosas, farsantes, locas, patéticas, poco atractivas, y es improbable que algún día tengamos éxito en nada.

Entonces, ¿por qué reforzar este mensaje con un lenguaje supremacista cis? En lugar de tener que tratar con la carga de intolerancia que tienen las frases francamente engorrosas tipo “nacido varón” o “chica verdadera” ¿por qué no cortar por lo sano gracias al empleo de tres pequeñas letras y decir “cis?” Conciso y sin prejuicios, es una palabra cuyo momento ha llegado. La mayoría de las personas con las que he tenido esta conversación son personas bien intencionadas, o al menos dicen que lo son, y seguro que no se ven a sí mismas como supremacistas cis. Pero uno no tiene que odiar de forma activa a las personas trans, ni creer de forma consciente que las personas cis son superiores, para adoptar actitudes que tratan a las personas trans como si fueran inferiores. Y uno ni siquiera tiene que darse cuenta de que tiene alguna de esas actitudes para de todas maneras expresarlas a través del lenguaje.

Así que por favor, si tú te consideras un aliado de las personas trans, háznos a todos un favor y despídete de los comentarios tipo “mujeres naturales.” Como dirían hasta en una canción pop cursi, todo lo que pedimos es un poco de respeto.


Asher Bauer.

Dioptrías.

Joder, ¿en serio? La fiebre el vómito la náusea las uvas el vino la okupa anginas infección de oído sangre mocos sueño la sopa las cartas el video y no me atrevo casi a improvisarme sus ojos sus ojos sus ojos cómo podría yo agarrarle del hombro y hablarle de sus ojos sin silencios sin confusión sin susto sin risas sin mayor trascendencia que oye, tía, tus ojos, esa miopía me hipnotiza y siendo irónico éste no resulta un buen punto de vista el último Amor fue una estafa telefónica y comprenda que así no resulta fácil se supone que en vez de morirme decidí aprender lo suficiente. Señora miope, usted que duerme aquí a mi lado en mitad de mi febril viaje, sería usted tan amable de acercarse y escucharme divagar sobre la profundidad de ese ceño fruncido que da ganas a unx de avalanzarse y saltarse el feminismo por lo menos por un instante y sin que sirva de precedente. Sale al escenario y versa su canción sobre trompas de falopio y guerreras. Suena a rap, a solas luego me reconoce que no supo ponerle base. Ay señora, su mirada, es que maldita sea. Y ya "veremos" y que sea lo que Dios quiera.