Amor romántico en tiempos de tránsito.


No me acordaba que me quería tanto.
No me acordaba que me quería tan poco.

Ni los amores disney me sacan de esta.

Yo, que no sé si soy Aladdin o Jasmine,
que no soy ninguno y que soy los dos,
preferiría una película de esas
que tanto detestamos
una pérdida de tiempo de amor y de vida de lo más normativa,
al desorden de afectos que me traigo.

Yo no me hice queer para esto.
Te lo prometo.

Yo, que no sé si me veo Tarzán o Jane,
que todo eso nunca acabó de tener en mí un sentido.

A mí que me parió una madre
que desde que tengo uso de razón, y seguro que ya antes del uso, y de la razón,
me amenazaba con morirse.

Desde entonces, más que de la persona
yo intuyo que de lo que me enamoro es de la amenaza.

Me creí y me especialicé en salvar gente perdida. El salvador de las suicidas. El salvador de mi propia culpa por la muerte constante e inminente de una madre.
Cuando me di cuenta traté de desengancharme.
A veces se me escapa y vuelvo a ello.

A mí que me crió un padre
para quien no existió nadie más que él
enfermo de su narcisismo, yo desaparecí de su mirada
y en aquella casa quedamos viviendo, así, yo, y su sombra.

Desde entonces, más que de la persona
yo intuyo que de lo que me enamoro es de la sombra.
De la ausencia que va a dejarme.

Quiero que baje disney y que me saque de esta.

Yo, que no sé si soy Simba ni Nala
que no soy ninguno, que soy los dos probablemente

que estoy perdido

yo
que a veces me pillo de imprevisto a mí mismo esperando que alguien me vea
me abrace
me espere
me encuentre
me salve

quiero que venga la norma y me libre del infierno que me construyo cada vez que no tengo cuidado
con lo que deseo.

No me acordaba que me quería tanto.
No me acordaba que me quería tan poco.

No sé tú. Pero yo.
Te lo juro. Yo no me hice queer para esto.